Durante años, el tratamiento con láser ablativo ha sido el método preferido para la eliminación de tatuajes. El tratamiento es, sin embargo, muy extensivo, dado que elimina la capa superior de la piel por completo, con el riesgo de formación de antiestéticas cicatrices. Hoy es por tanto usado solo en raras ocasiones.
Un láser ablativo funciona realizando una abrasión controlada y muy precisa de las diferentes capas de la piel. El método se puede utilizar para eliminar un tatuaje apuntando específicamente a la pigmentación – siendo esto las partículas de tinta que componen el tatuaje.
El tratamiento es muy efectivo, dado que elimina la capa superior de la piel completamente junto con cualquier tinta depositada en ella. Desafortunadamente existe un gran riesgo de formación de una fea cicatriz, ya que el cuerpo crear la nueva piel en la zona tratada.
Antes de que aparecieran los láseres no ablativos, que solo eliminan la pigmentación pero dejan intacta la piel, el láser ablativo era el método más conocido para eliminar tatuajes. Hoy en día, la mayoría de los doctores recomendarían el tratamiento con láser no ablativo para eliminar tatuajes.
Con un láser ablativo, la capa superior de la piel se elimina completamente, exponiendo la capa subyacente de la piel. Esta capa subyacente (dermis) también puede ser tratada con láser.
El candidato ideal para el tratamiento tiene piel clara, no grasienta y sana. Las personas de complexión oscura, oliva o negra tienen mayor riesgo de desarrollar cambios en la pigmentación. Las personas que han estado tomando Accutane en los últimos 12-18 meses, las que tienen tendencia a desarrollar tejido similar a queloides, o que padezcan una infección de piel, no deben someterse al tratamiento.
Usando el láser, se realiza una quemadura altamente controlada de la piel, eliminando las diferentes capas de piel con la precisión de una centésima de un milímetro.
La duración del tratamiento varía de unos minutos a más de una hora, dependiendo del tamaño del área a tratar. Algunas veces se necesitarán 2 o más tratamientos. Si es necesario, un segundo tratamiento puede realizarse tras un mínimo de 6 meses.
Los efectos secundarios incluyen hinchazón de 3 días a 3 semanas, malestar, picazón, diminutos brotes blancos en la piel, posibilidad de un rebrote de acné y manchas de pigmentación. El tratamiento dejará al paciente una herida en la zona tratada. Esta desaparecerá tras 7-12 días. El enrojecimiento puede durar 1-4 meses.
Hay un riesgo de quemaduras no intencionadas y daño en la piel, causados por el calor del láser. Riesgo de infección por bacterias, virus u hongos. Una infección se mostrará como enrojecimiento, ulceración e hinchazón de la piel, y posiblemente fiebre.
Existe un riesgo de brote de herpes, si ha tenido una fiebre antes. También hay riesgo de cambios anormales en el color de la piel, junto con la formación de tejido conectivo no deseado.
Se puede volver al trabajo tras 2 semanas. Se aconseja no comenzar con ejercicio extenuante antes de 4-6 semanas. De ahora en adelante, la capa superior de la piel habrá curado completamente y por tanto habrá recuperado su fuerza normal. También se aconseja evitar la luz del sol fuerte durante varios meses.
Una vez que se ha eliminado un tatuaje, nunca volverá a reaparecer.